¿Cómo salvamos al condenado?
“No tengan piedad.” ¿Cómo podríamos salvar la vida al condenado a partir de la frase anterior? Efectivamente, con una coma: […]
“No tengan piedad.” ¿Cómo podríamos salvar la vida al condenado a partir de la frase anterior? Efectivamente, con una coma: […]
Desde que me decidí a publicar mis escritos por Amazon, indagué sobre cuál era el procesador de textos que se recomendaba para escritores. Quería encontrar un procesador de textos que ofreciera algo más de lo que Word me pudiera ofrecer, algo más centrado en las herramientas que un escritor puede necesitar mientras está armando su obra.
El bloqueo del escritor es, ciertamente, algo controvertido. Los entendidos y los escritores se dividen entre los que creen que existen y los que creen que no. Lejos de enzarzarme en el debate, y respetando cualquier opinión, me decanto por creer que sí existe. Creo que todos los escritores de cualquier época han pasado por épocas de bloqueo, de aridez mental, incluso entre los más reputados.
De nada sirve tener una total maestría en el uso del lenguaje y de todos los recursos literarios existentes si cuando nos sentamos frente a la hoja de papel no sabemos qué escribir; si no sabemos qué queremos contar. Muchas veces nos ocurre que tenemos en mente un personaje, hemos esbozado una o varias escenas y una vaga historia que nos parece atractiva y creemos que con ello podemos sentarnos a escribir.
En la entrada anterior empezamos a ver que elegir un buen narrador para contar nuestra historia puede ser crítico para que ésta funcione, y vimos las dos primeras preguntas que debíamos plantearnos: si nuestro narrador iba a ser o no omnisciente y si íbamos a usar un narrador focalizado en un personaje, en varios o en ninguno. Una vez respondidas estas preguntas, deberemos plantearnos en qué persona nos interesa más narrar para darle más fuerza a nuestra historia y hacer, a fin de cuentas, que ésta funcione.
Hace unas horas
hablaba con un amigo sobre la dificultad que supone la elección del narrador cuando nos disponemos a escribir nuestra historia y sobre si él había acertado con la suya: dos narradores en primera persona.
He aquí uno de los grandes dilemas del autor: la elección del narrador. Y es que no se trata de algo baladí: una novela a priori genial puede no funcionar nunca y resultar un auténtico fiasco únicamente por una elección desafortunada en lo que a narrador se refiere.
Quizá uno de los mayores retos a los que se enfrenta un escritor es no sólo el de crear un mundo y una trama creíbles, sino el de crear unos personajes convincentes. Tanto por la red como en numerosos libros podemos encontrar miles de guías para crear un personaje. Es, también, tema de obligado trato en cualquier curso de escritura que se precie.
En el post anterior comenté que creía muy importante interiorizar la idea de que en una obra de ficción nada pasa por casualidad. Vamos a desarrollar el tema un poco más.
Decía el maestro que el acto de contar una historia constituye un pacto entre el creador y el receptor de la misma. De una parte, el creador del relato se dispone a contar una invención, a engañar a quien esté dispuesto a oírle; de la otra, el que escucha acepta tal engaño.